En su viaje silencioso rumbo a Júpiter, 3I/ATLAS no deja de generar preguntas. Pues el cometa interestelar, apenas el tercero detectado atravesando nuestro sistema solar, volvió a colocarse en el centro de la conversación científica luego de que nuevas mediciones de la NASA revelaran un comportamiento que se aparta de lo esperado. Las observaciones más recientes han reavivado un debate incómodo pero fascinante: ¿se trata de un objeto completamente natural o de algo más complejo?
Desde que fue detectado, 3I/ATLAS ha mostrado características atípicas. Sin embargo, fue durante una serie de mediciones realizadas entre noviembre y diciembre cuando los astrónomos identificaron patrones difíciles de explicar con los modelos clásicos de actividad cometaria. A medida que el objeto se acercaba al Sol, su comportamiento no se volvió caótico, como suele ocurrir con otros cometas, sino sorprendentemente ordenado.
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El nuevo descubrimiento que siembra la duda
Los datos recopilados por instrumentos de la NASA indican que la emisión de gas y polvo no fluctuó de forma aleatoria. Por el contrario, se mantuvo estable durante semanas, incluso cuando el calentamiento solar aumentó. Esta consistencia llamó la atención de los investigadores, ya que los cometas suelen reaccionar de forma irregular conforme se incrementa la temperatura en su núcleo.
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Además, los niveles de brillo y la distribución del material expulsado se mantuvieron constantes durante el periodo de observación. Este detalle es clave, pues sugiere una estructura interna poco común o un mecanismo de liberación de energía aún no comprendido del todo.
Mientras cruza el sistema solar rumbo a Júpiter, 3I/ATLAS no se comporta como un cometa cualquiera. En lugar de expulsar material en penachos irregulares, produce tres chorros perfectamente simétricos, separados por 120 grados, con brillo y curvatura casi idénticos. Esta escena, observada durante varias semanas, llevó a los astrónomos del asombro al desconcierto.
Las observaciones, realizadas entre finales de noviembre y diciembre de 2025 con el Telescopio Espacial Hubble y Gemini North, revelaron una precisión geométrica poco frecuente. Lo más desconcertante es que la simetría se mantuvo estable conforme el objeto se calentaba, algo que no encaja fácilmente con los modelos estándar de un cometa activo.
En la mayoría de los casos, el calor solar libera gas desde regiones irregulares del núcleo, generando plumas desordenadas. En 3I/ATLAS, los chorros no cambian de ángulo ni de intensidad, lo que apunta a una distribución interna del calor altamente uniforme. Esta regularidad ha sido el principal detonante de las especulaciones.
¿Cambia el panorama científico sobre el 3I/ATLAS?
Pese a las anomalías observadas y a teorías que sugieren incluso un posible origen tecnológico, el consenso científico se mantiene firme: 3I/ATLAS es un cometa natural. La NASA, junto con instituciones independientes, ha descartado evidencia de actividad artificial. Pese a esto las dudas persisten y la apertura del sector científico sobre si el 3I/ATLAS podría tratarse de tecnología extraterrestre se mantiene.
La rareza del objeto alimentó rumores, incluyendo versiones sobre supuestos archivos clasificados. No obstante, la comunidad científica fue clara. Programas como el Search For Extraterrestrial Intelligence ( SETI) y el Breakthrough Listen realizaron búsquedas exhaustivas de señales de radio sin detectar emisiones artificiales. El 18 de diciembre de 2025, el Green Bank Telescope llevó a cabo la observación más sensible jamás aplicada a un objeto interestelar, sin resultados anómalos.
Este cometa no ha sido el único en catalogarse como objeto interestelar, sin embargo a diferencia del 1I/’Oumuamua, 3I/ATLAS sí presenta una coma bien definida y un núcleo con rasgos típicos de un cometa. “Aunque muestra comportamientos inusuales, sus características generales encajan dentro de procesos naturales”, señalaron investigadores en un estudio publicado en diciembre de 2025.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no se ha podido determinar su origen exacto?
Porque los objetos interestelares viajan durante millones de años antes de ser detectados, lo que borra pistas claras sobre su sistema de origen.
¿Se conoce su composición química?
Solo de forma parcial. La distancia y el breve tiempo de observación limitan el análisis detallado de los materiales que lo componen.
¿Podrían aparecer nuevas anomalías?
Es posible. Cada nueva medición aporta datos, pero el objeto se aleja rápidamente del alcance de los instrumentos actuales.
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