Zumbra Peksaglam Seidel, del J. Craig Venter Institute, encabezó a un grupo de investigadores que retomó una línea de estudio planteada hace más de una década.
Los nuevos hallazgos podrían transformar el campo de la biología sintética, porque presentan una célula bacteriana sintética viva creada mediante el trasplante de un genoma completo en una célula previamente inactivada.
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Este avance fue denominado “resurrección de células zombis” y se desarrolló en varias etapas:
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Primero, las células de Mycoplasma capricolum —una bacteria común en cabras, ovejas y vacas— fueron inactivadas a través de la reticulación química de su genoma.
Después, en estas células se introdujeron genomas sintéticos de Mycoplasma mycoides, un parásito habitual en rumiantes.
De esta forma, el genoma sintético donante reprograma la célula receptora, permitiéndole adoptar una nueva identidad. En el estudio se señala:
“Nuestro trabajo demuestra un enfoque general para inactivar completamente el genoma de la célula receptora y presenta la primera célula bacteriana sintética viva construida a partir de partes no vivas”
Nuevos aportes en la biología
La investigación liderada por Zumbra Peksaglam abre nuevas posibilidades en la biología sintética. Hasta ahora, la transferencia de genomas solo se había logrado entre bacterias de una misma clase.
Sin embargo, este trabajo amplía ese límite y sienta las bases para desarrollar las llamadas “células zombis”.
El avance se apoya en técnicas utilizadas para dotar a bacterias de propiedades útiles, pero da un paso más al integrar material genético de distintos orígenes y reprogramar completamente la célula receptora.
Una línea de investigación retomada
Esta línea de estudio inició hace 10 años, cuando se logró la síntesis química de un genoma de aproximadamente 1.1 millones de pares de bases en bacterias como Mycoplasma capricolum y Mycoplasma mycoides. Ese hito dio lugar a lo que se consideró la primera célula sintética.
En 2016, los científicos consiguieron trasplantar genomas entre organismos de la misma especie, pero no lograron extender el procedimiento a otros casos más complejos.
Hoy, casi una década después, varios de los investigadores involucrados en aquellos experimentos han publicado nuevos resultados en los que afirman haber superado esa barrera.
Con este avance, se reaviva el objetivo de diseñar microorganismos con funciones específicas mediante la incorporación de genes de distintos orígenes.
A futuro, estos hallazgos podrían convertirse en una herramienta clave para la biología, aunque todavía es necesario comprobar que el método funcione en una mayor variedad de bacterias.