Fue detectado mientras atravesaba el Sistema Solar y, desde entonces, su comportamiento ha generado un debate científico que aún no tiene respuestas claras.
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A diferencia de otros cometas, sus características no encajan con lo que la ciencia conoce hasta ahora.
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De hecho, un nuevo estudio reciente —basado en análisis preliminares de investigadores del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y observaciones del telescopio James Webb (NASA/ESA/CSA)— plantea que su origen podría ser mucho más complejo de lo esperado.
¿Qué es 3I/ATLAS y por qué intriga a la ciencia?
3I/ATLAS es un objeto interestelar, es decir, proviene de fuera del Sistema Solar.
Fue detectado inicialmente por el telescopio ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System) y posteriormente observado con instrumentos como el James Webb, el Hubble Space Telescope y el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile.
Se ha clasificado como un cometa interestelar que llegó desde el espacio profundo, con una edad estimada de hasta 11 mil millones de años, según datos espectroscópicos.
Lo que lo hace especial es su composición química.
Los análisis muestran proporciones de elementos que no coinciden con ningún cometa conocido, lo que sugiere que se formó en condiciones muy distintas a las de nuestro sistema solar.
Además, su trayectoria apunta a que podría venir del halo galáctico, una zona de la Vía Láctea donde se encuentran estrellas muy antiguas.
Por eso, algunos científicos lo consideran una especie de “fósil” del universo temprano.
Composición de 3I/ATLAS: señales de un origen muy antiguo
Uno de los datos más importantes es la cantidad de deuterio —un tipo de hidrógeno más pesado con un neutrón adicional— en el agua que rodea al objeto.
Este nivel es mucho más alto que el de los cometas del Sistema Solar, lo que indica que se formó en condiciones extremadamente frías.
También se detectaron diferencias en los isótopos de carbono y nitrógeno.
Estas características suelen aparecer en entornos muy antiguos, formados hace entre 10 mil y 12 mil millones de años.
El problema de masa de 3I/ATLAS: un cálculo que no cuadra
El mayor problema aparece cuando los científicos intentan explicar cuántos objetos como este deberían existir.
Un estudio reciente del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian plantea una “crisis de masa” en los modelos actuales.
Sin embargo, esto contradice lo que se sabe sobre la formación de planetas.
En esencia, las estrellas primitivas no tenían suficientes elementos pesados para crear cuerpos tan grandes. Esto pone en duda la explicación tradicional sobre su origen.
Teorías sobre el origen de 3I/ATLAS
Ante este problema, los científicos han propuesto varias hipótesis.
Una de ellas es el “enriquecimiento local”, donde explosiones de supernova habrían aportado materiales adicionales a sistemas estelares cercanos.
Otra teoría es la “acreción de guijarros”, un proceso más eficiente que permitiría formar objetos grandes incluso en entornos pobres en metales.
También existe una hipótesis más extrema: que 3I/ATLAS sea un fragmento de un planeta destruido por fuerzas gravitacionales intensas, como las de una estrella de neutrones o una enana blanca.
¿Es un objeto natural? El debate sigue abierto
El caso ha dividido a la comunidad científica. Algunos investigadores consideran que los modelos actuales deben ajustarse para explicar este tipo de objetos.
Otros sugieren que se trata de un fenómeno mucho más raro o violento de lo que se pensaba.
Incluso científicos como Avi Loeb, de Harvard, han planteado la necesidad de explorar explicaciones no convencionales como un origen tecnológico extraterrestre, aunque estas siguen siendo minoritarias dentro de la comunidad científica.
Por ahora, 3I/ATLAS no solo es un visitante interestelar. Es una señal de que aún hay mucho por entender sobre cómo se formaron los planetas y la evolución de la Vía Láctea.
Nuevos hallazgos: anomalías y su encuentro con Júpiter
En los últimos análisis, basados en observaciones del Hubble, el James Webb y el observatorio SPHEREx, los científicos han identificado más de 20 anomalías en 3I/ATLAS.
Entre ellas destacan su aceleración no gravitacional, la presencia de metales como níquel, chorros de gas altamente simétricos, una anticola y cambios químicos inesperados, como la aparición de metano tras su paso por el Sol.
También se detectaron comportamientos poco comunes, como una trayectoria alineada con el plano del sistema solar y una polarización de la luz atípica, lo que refuerza su carácter inusual frente a otros cometas.
Uno de los momentos clave ocurrió el 16 de marzo de 2026, cuando el objeto alcanzó su punto más cercano a Júpiter, a unos 53.6 millones de kilómetros.
Este encuentro permitió estudiar cómo responde un objeto interestelar a la fuerte gravedad del planeta más grande del sistema solar, con apoyo potencial de misiones como Juno (NASA), JUICE (ESA) y Europa Clipper.
Tras este acercamiento, 3I/ATLAS continúa su salida del Sistema Solar a gran velocidad, dejando más preguntas que respuestas y consolidándose como uno de los objetos más enigmáticos estudiados hasta ahora.
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