El pasado 13 de abril, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenski subió al escenario rodeado de misiles, drones y plataformas robóticas. No era un acto de guerra convencional ni una rueda de prensa rutinaria. Era, en sus propias palabras, la presentación del futuro. Y ese futuro, afirmó, ya opera en las trincheras del este de Europa.
Lo que Zelenski anunció ese día no tiene precedente en la historia militar: por primera vez en el conflicto entre Ucrania y Rusia, una posición enemiga fue tomada de manera exclusiva por plataformas no tripuladas (en fecha y sitio no revelados, hasta donde pude ver), sin un solo soldado ucraniano pisando el campo de batalla. Robots terrestres y drones aéreos avanzaron sobre la posición rusa y los invasores, según el presidente, se rindieron. Ningún soldado ucraniano murió en la operación.
Una hazaña técnica o una jugada política
La pregunta que de inmediato se plantearon analistas y medios de todo el mundo no fue si el hecho ocurrió, sino qué tan significativo podría ser. The Moscow Times consultó a expertos militares que reconocieron el valor simbólico del anuncio, pero lo enmarcaron con cautela: probablemente se trató de una posición secundaria, de importancia limitada. “Incluso si fue una pequeña posición”, dijo el analista militar ucraniano Ivan Stupak, “si se hizo completamente sin intervención humana, la siguiente posición que pueda tomarse podría ser de mayor escala”.
Por su parte, el Wall Street Journal revisó los “videos” tomados por drones que encontró disponibles y confirmó que Ucrania efectivamente tomó la posición, aunque no encontró evidencia de rendiciones en el video. Un portavoz de la 13ª Brigada de la Guardia Nacional Ucraniana reportó bajas rusas dispersas por el área cuando llegaron las tropas humanas. Es decir: el hecho central es real, pero el relato de soldados rindiéndose ante robots permanece sin confirmación independiente.
Esto importa porque Zelenski es también un político que necesita sostener el apoyo internacional, atraer inversión a su industria bélica y mantener la moral interna. El medio electrónico Gizmodo lo describió sin ambigüedades: el tono del discurso era el de un “pitch” de ventas. El presidente comparó el surgimiento de la industria armamentística ucraniana con los inicios de Apple, que fue lanzada desde una cochera. “Lo que importa no es desde dónde empiezas, sino hacia dónde te diriges”, proclamó.
El ejército de robots que nadie está viendo
Más allá de la retórica, los números que Zelenski presentó son reveladores. Los sistemas robóticos terrestres de Ucrania, con nombres que suenan como a videojuego —Ratel, TerMIT, Ardal, Rys, Zmiy, Protector, Volia— han realizado más de 22,000 misiones en el frente, en apenas tres meses. Cada misión representa, según el presidente, una vida salvada: la de un soldado ucraniano que no tuvo que adentrarse en la zona más peligrosa del campo de batalla.
Mientras el mundo ha prestado atención a los drones aéreos y a las lanchas robóticas explosivas que Ucrania ha desplegado en el Mar Negro, los vehículos terrestres no tripulados (UGV, por sus siglas en inglés) han operado en relativa oscuridad. Estos robots realizan tareas que van desde la evacuación de soldados heridos hasta el tendido de minas o el transporte de suministros bajo fuego. En el devastado frente de Kostyantynivka, en la región de Donetsk, un comandante ucraniano declaró el pasado febrero que los robots terrestres ya ejecutaban cerca de tres cuartas partes de las misiones logísticas.
Alexander Kamyshin, asesor de Zelenski y exjefe del ministerio de industrias estratégicas, fue incluso más lejos en declaraciones recientes: hasta el 30 por ciento de la infantería ucraniana podría ser reemplazada de forma inmediata por UGVs, una cifra que en el futuro podría escalar hasta el 80 por ciento. “Puedes discutir los números o el calendario, pero el cambio es innegable”, afirmó. “Los UGVs son un factor decisivo”.
La carrera armamentista invisible
Lo que ocurre en Ucrania no sucede en el vacío. Rusia también está desarrollando sus propias capacidades robóticas, con planes documentados para desplegar versiones de combate de su tanque robótico Marker. Al mismo tiempo, una “startup” de Silicon Valley denominada Foundation Robotics desplegó sus robots humanoides llamados Phantom MK1 en zonas de conflicto activo en Ucrania en febrero de este año, con propósitos específicos de prueba en campo. El cofundador de la empresa lo resumió con una frase que encierra toda la filosofía detrás del negocio: “… los robots de Ucrania fueron esculpidos por el combate”.
El experto militar ruso Yury Fedorov reconoció ante The Moscow Times que Ucrania se ha convertido en pionera en el uso, desarrollo y despliegue de distintos tipos de drones en el campo de batalla, y que desde finales de febrero el uso de drones aéreos se ha intensificado a lo largo de casi todo el frente. Moscú y Kiev compiten en tecnología de drones y guerra electrónica, en lo que ya es una carrera armamentista paralela a la guerra convencional.
Esta competencia tiene implicaciones que van mucho más allá de Ucrania. Militares de todo el mundo observan con atención lo que ocurre en ese frente. Israel, otro país innovador en sistemas no tripulados, ha seguido de cerca la evolución ucraniana. En Estados Unidos, un proyecto de ley bipartidista presentado en marzo de este año busca prohibir el uso por el gobierno federal de sistemas robóticos vinculados a adversarios como China, lo que refleja la creciente inquietud sobre el origen y control de estas tecnologías.
La guerra que ahorra vidas ucranianas —¿y las deshumaniza?
Hay una tensión profunda en el corazón de este debate. La narrativa de Zelenski es poderosa precisamente porque apela a un valor que todos compartimos: la preservación de la vida humana. Si un robot puede tomar una posición enemiga sin que muera ningún soldado, ¿no es eso moralmente superior a la alternativa? Es el argumento detrás de cada una de las 22,000 misiones robóticas que el presidente ucraniano ha mencionado: en cada una, un ser humano fue sustituido por una máquina en el lugar más peligroso.
Pero la pregunta que los expertos apenas comienzan a formular es más incómoda: ¿qué ocurre cuando la otra parte también tiene robots? La ventaja de Ucrania hoy reside en que sus sistemas son más avanzados y más abundantes. Si esa brecha se cierra, estaremos ante un escenario en el que dos ejércitos de máquinas se enfrentan entre sí, con consecuencias impredecibles para la naturaleza misma de la guerra. Un analista de seguridad citado por Fox News lo planteó con precisión: “… si esto empieza a ocurrir a escala, ¿cambia esto la naturaleza de la guerra, y no solo su carácter?”
La distinción importa. El “carácter” de la guerra cambia con cada nueva tecnología: la pólvora, el avión, el misil balístico. Pero la “naturaleza” de la guerra, su esencia como conflicto entre voluntades humanas con costos humanos, ha permanecido constante. Si los robots pueden combatir entre sí sin que los humanos mueran, ¿bajará el umbral para iniciar conflictos? ¿Se volverán más frecuentes las guerras precisamente porque son menos costosas en términos de vidas humanas?
El laboratorio que cambiará los ejércitos del mundo
Sea cual sea la respuesta a esas preguntas, una cosa es clara: Ucrania se ha convertido en el laboratorio de guerra más avanzado del siglo XXI. Lo que se prueba ahí hoy definirá la manera en que los ejércitos se organizarán, equiparán y combatirán en las próximas décadas. Y Zelenski lo sabe. Su discurso del 13 de abril no era solo para sus ciudadanos ni para sus aliados europeos. Era para los compradores de armamento en el Golfo Pérsico, para los ministerios de defensa en Asia, para cualquier gobierno que quiera entender qué cosas son las que funcionan en la guerra moderna.
La ironía es que la mayor innovación militar del siglo no surge de los laboratorios de las grandes potencias, sino de un país que lucha por su supervivencia. Ucrania no eligió convertirse en pionera de la guerra robótica. La necesidad, que siempre ha sido la madre de la invención, la empujó ahí. Con un frente bélico que se extiende por miles de kilómetros y una población que no puede permitirse perder más soldados, la robotización no es una opción estratégica: es una necesidad existencial.
El robot que tomó una posición rusa en el frente ucraniano no es el fin de algo. Es el principio. Y el mundo haría bien en prestarle atención.
Precio de Bitcoin de hoy
Puede ver el precio de hoy de Bitcoin aquí, así como también el precio de hoy de Ethereum y de las principales criptomonedas.
Por Emilio Carrillo Peñafiel, abogado especializado en temas de financiamiento, tecnología y M&A.
Página web: https://mx.linkedin.com/in/transactionalmexico/es