El conflicto en Medio Oriente se ha intensificado en los últimos días y las expectativas de una guerra breve comienzan a desvanecerse. Los esfuerzos diplomáticos regionales para reducir las tensiones parecen estar fracasando, mientras Irán continúa respondiendo a los ataques de Estados Unidos e Israel. En tanto, en México la gente muestra su preocupación por la posible alza al precio de los combustibles.
Como consecuencia, el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo más importante del mundo para el transporte de energía, permanece prácticamente cerrado para la mayoría de las compañías navieras.
La interrupción no se debe únicamente al riesgo militar. La falta de seguros para los buques, el temor de las empresas a perder flotas si las embarcaciones son atacadas y las preocupaciones por la seguridad de los marineros, tras reportes de víctimas, han llevado a muchas navieras a evitar la zona.
Al mismo tiempo, aumenta el riesgo de una intervención más directa de Estados Unidos o Israel. Informes recientes indican que ambos países estarían evaluando operaciones terrestres, ya sea para recuperar material nuclear enriquecido iraní o para tomar la isla de Kharg, un punto clave para las exportaciones de petróleo de Irán.
A esto se suma la elección de un nuevo líder supremo iraní considerado de línea dura. Esta decisión difícilmente será bien recibida por Estados Unidos, que habría preferido un liderazgo más moderado, lo que reduce las probabilidades de una rápida desescalada del conflicto. En medio de la tensión los mercados temen un alza en los precios del oro y metales.
Un conflicto sin objetivo claro
Uno de los mayores problemas para los mercados es la falta de claridad sobre los objetivos finales de Estados Unidos e Israel, por ello, una de las interrogantes es cómo se comportará el tipo de cambio ante las tensiones geopolíticas.
Entre las metas mencionadas públicamente están: Reducir la capacidad de Irán para desarrollar armas nucleares, desmantelar su programa de misiles de largo alcance y promover un cambio de régimen.
Sin embargo, no está claro cuáles de estos objetivos son indispensables y cuáles son sólo aspiraciones estratégicas. Además, algunos de ellos, como el cambio de régimen, serían difíciles de lograr únicamente mediante ataques aéreos.
La duración del conflicto es clave
Irán ha señalado que puede mantener su actual ritmo de respuesta militar durante seis meses, mucho más de lo que los mercados parecían anticipar inicialmente. Además, Estados Unidos busca recuperar uranio previamente enriquecido que podría usarse para armas nucleares, pero la falta de inspecciones internacionales recientes hace que su ubicación sea incierta.
Por otro lado, la llegada de un nuevo liderazgo iraní de línea dura sugiere que el país no siente presión inmediata para cambiar su estrategia.
Aun así, también existen factores que podrían acelerar el final del conflicto. El presidente estadounidense Donald Trump ha demostrado en varias ocasiones una disposición a cambiar de rumbo abruptamente en sus políticas.
Con elecciones de medio término programadas para finales de año, el gobierno estadounidense podría volverse especialmente sensible a cualquier aumento en el costo de vida, particularmente en los precios de la gasolina.
En ese contexto, encontrar una forma de declarar una “victoria” y estabilizar los precios del petróleo podría terminar imponiéndose sobre objetivos militares más amplios.
Impacto en los mercados globales
Este escenario revive el recuerdo del shock inflacionario generado por la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando gran parte del suministro energético ruso desapareció del mercado.
El temor a una mayor inflación ha provocado un aumento en los rendimientos de los bonos y ha reducido las expectativas de recortes en las tasas de interés en Estados Unidos. Los mercados ahora anticipan condiciones monetarias más restrictivas por más tiempo.
¿Cuáles son los riesgos de una guerra prolongada?
Los acontecimientos recientes sugieren que el conflicto podría prolongarse más de lo que muchos esperaban inicialmente, lo que incrementa el potencial impacto económico global.
Esto abre la puerta a un escenario de mayor inflación y menor crecimiento económico. No obstante, los riesgos siguen siendo bidireccionales.
Las presiones políticas internas en Estados Unidos podrían favorecer una resolución rápida del conflicto si el aumento de los precios de la energía se vuelve políticamente costoso.
En este contexto, los mercados podrían experimentar fuertes movimientos en ambos sentidos a medida que los inversores ajusten sus expectativas sobre la duración de la guerra y sus consecuencias económicas.
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