Desde su descubrimiento a mediados de 2025, 3I/ATLAS se ha convertido en un objeto de estudio para observatorios de todo el mundo y agencias espaciales como la NASA y la ESA.
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Entre las misiones que han contribuido al estudio de 3I/ATLAS destaca Juice, cuyo objetivo principal es observar a Júpiter y sus tres grandes lunas oceánicas.
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Actualmente, la misión se dirige hacia el gigante gaseoso, por lo que su cruce con 3I/ATLAS resultó clave al coincidir con su trayectoria en el espacio.
3I/ATLAS: Juice revela primeros datos y su posible relación con la creación de otros mundos
El encuentro entre la misión Juice y 3I/ATLAS ocurrió en noviembre de 2025, cuando se activaron cinco instrumentos para observar al cometa durante su acercamiento al Sol.
La información recopilada tardó cerca de tres meses en llegar a la Tierra; científicos han analizado imágenes, espectros de luz y señales químicas para comprender mejor la composición y comportamiento de 3I/ATLAS.
Cantidades inusuales de agua en 3I/ATLAS
Entre los principales hallazgos destaca una intensa liberación de vapor de agua, con emisiones de hasta 2,000 kg por segundo. Aunque este nivel es elevado, los expertos señalan que puede ser común en cometas tras su exposición al calor solar.
Lo que más llamó la atención fue la constancia del flujo, impulsado principalmente por la radiación solar, que calentó tanto el núcleo como las partículas de polvo helado que rodean al cometa.
La magnitud de su cola
Otro aspecto relevante es la enorme cola de 3I/ATLAS, que supera los 5 millones de kilómetros y está compuesta por gas y polvo, incluyendo elementos como oxígeno, hidrógeno y carbono.
Estos componentes han abierto la posibilidad de que objetos como 3I/ATLAS estén relacionados con procesos de formación de otros mundos.
Además, el seguimiento de la misión permitió mejorar el cálculo de su trayectoria, aportando datos fundamentales para la defensa planetaria.
A pesar de su origen fuera del sistema solar, 3I/ATLAS presenta un comportamiento típico de los cometas, con estructuras y dinámicas familiares.
Tanto la ESA como la NASA han reiterado que no representa ningún riesgo para la Tierra ni para otros planetas, porque su trayectoria está claramente definida y se mantiene a una distancia segura.