CIENCIA

Scrollear sin pausa podría hacer cambios importantes en tu cerebro

¿Sabías que scrollear sin pausa puede estar afectando tu memoria, tu concentración e incluso tu estado de ánimo? Descubre cómo el consumo acelerado de información está cambiando nuestro cerebro y qué puedes hacer para protegerte.

Scrollear sin pausa podría hacer cambios importantes en tu cerebro.Scrollear sin pausa podría hacer cambios importantes en tu cerebroCréditos: DALL-E (IA)
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Las redes sociales y el acceso constante a internet han cambiado la forma en que consumimos información. Hoy en día, es común pasar largos periodos deslizando la pantalla del celular, saltando de un video a otro, revisando publicaciones sin cesar y sin siquiera detenernos a reflexionar sobre lo que estamos viendo. Aunque este hábito parece inofensivo, expertos en neurología han advertido que scrollear de manera incesante puede provocar cambios significativos en el cerebro, afectando nuestra atención, memoria e incluso nuestro bienestar emocional.

Según el doctor Norberto Raschella, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Austral, nuestro cerebro no está diseñado para procesar la enorme cantidad de estímulos que recibe al scrollear constantemente. Cada nuevo contenido que aparece en pantalla obliga al cerebro a cambiar de foco en cuestión de milisegundos, lo que dificulta el procesamiento y almacenamiento de información en la memoria de trabajo, afectando así el aprendizaje y la concentración.

Además, este hábito puede generar una necesidad de gratificación inmediata, lo que altera los mecanismos de recompensa en el cerebro y provoca una dependencia en la búsqueda de más estímulos digitales. Con el tiempo, esto puede derivar en ansiedad, estrés e incluso trastornos del sueño.

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Cómo el scrolleo constante sobrecarga el cerebro

El fenómeno del scrolleo afecta directamente el sistema de recompensa del cerebro, un circuito neuronal en el que la dopamina juega un papel clave. Este sistema regula la motivación, el placer y el aprendizaje, activándose cuando experimentamos estímulos gratificantes.

Cuando deslizamos frenéticamente la pantalla del teléfono, este sistema entra en un estado de hiperactividad y readaptación constante, lo que genera una necesidad permanente de recompensas inmediatas. Esto impide que la información se procese de manera equilibrada y hace que la atención se vuelva más frágil, afectando la concentración y la memoria.

Otro aspecto importante es que el scrolleo rápido impide el desarrollo de los segundos mensajeros. Estas moléculas cumplen un papel fundamental en la amplificación de señales entre neurotransmisores, en la consolidación de la memoria a largo plazo y en el aprendizaje de nuevas conductas. Cuando el cerebro está en un estado de hiperestimulación, estos procesos se ven interrumpidos, lo que dificulta la retención de información y el aprendizaje profundo.

Impacto en la memoria, la atención y el bienestar emocional

El consumo veloz y fragmentado de información altera significativamente nuestra capacidad para procesar y retener datos. Sin embargo, este no es el único efecto negativo del scrolleo incesante. Según el doctor Raschella, la dopamina hiperestimulada refuerza conductas compulsivas de búsqueda de placer, lo que genera una sensación constante de insatisfacción. Esta sensación puede derivar en ansiedad, estrés e incluso depresión en el largo plazo.

Otro efecto preocupante es la alteración en los hábitos de sueño. La sobrecarga de estímulos antes de dormir puede interferir con la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el ciclo del sueño. Esto provoca dificultades para conciliar el sueño y altera la calidad del descanso.

Además, este hábito también afecta la vida social. En reuniones familiares o salidas con amigos, es común ver a las personas revisando sus teléfonos en lugar de interactuar cara a cara. Esto fragmenta las conversaciones, debilita el lenguaje verbal y genera una desconexión en los vínculos personales.

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Los niños y adolescentes, los más vulnerables

Si bien el scrolleo constante afecta a personas de todas las edades, los niños y adolescentes son los más vulnerables. Debido a la inmadurez de su cerebro, su capacidad de atención es más frágil y su desarrollo cognitivo puede verse comprometido por el consumo excesivo de contenido fragmentado.

Cada vez es más frecuente observar trastornos por déficit de atención, hiperactividad y dificultades para tolerar la frustración en jóvenes que pasan demasiado tiempo en redes sociales. La búsqueda constante de gratificación inmediata los hace menos tolerantes a la espera y más propensos a la impulsividad.

Por esta razón, los especialistas recomiendan que los padres establezcan límites en el uso de dispositivos electrónicos y fomenten actividades que promuevan la concentración, como la lectura, el deporte y el juego al aire libre.

¿Se pueden revertir estos efectos?

La buena noticia es que sí es posible reeducar la atención y mejorar la concentración mediante cambios en los hábitos diarios. Algunas estrategias recomendadas por expertos incluyen:

Reducir el tiempo de exposición a las pantallas, estableciendo momentos del día sin dispositivos electrónicos.
Practicar la lectura prolongada, lo que ayuda a mejorar la capacidad de concentración y retención de información.
Realizar pausas digitales, tomando descansos regulares para permitir que el cerebro procese la información de manera más eficiente.

Priorizar el contacto humano, fomentando las interacciones cara a cara en lugar de la comunicación digital. Según el doctor Raschella, la tecnología no es el problema en sí, sino la forma en que la utilizamos. En una era dominada por el scrolleo infinito, el verdadero reto es aprender a manejar la tecnología sin que esta nos controle a nosotros.

El scrolleo sin pausa está afectando nuestra forma de procesar la información, debilitando la atención, la memoria y generando una dependencia en la gratificación inmediata. Esta sobreestimulación del cerebro no solo tiene consecuencias cognitivas, sino también emocionales y sociales.

Reducir el tiempo en redes sociales, priorizar interacciones reales y fomentar el pensamiento profundo son algunas de las claves para contrarrestar los efectos negativos del consumo excesivo de contenido digital.

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